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Un
padrino presidencial |
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Fue el general Lázaro Cárdenas
quien auspició el nacimiento, en 1936, de la
casa Bautista, cuando a su paso por Tenango del Valle
–en el Estado de México–, aceptó
el compromiso de Fernando Bautista Sánchez para
hacerle un par de botas para montar mejores que las
que dejaba en reparación en el taller de Silvano
Bautista, donde Fernando trabajaba.
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Esas primeras botas fueron de tan buena calidad y le
satisficieron tanto, que el general Cárdenas
confío al joven emprendedor la hechura de las
botas para los integrantes de su Estado Mayor. Así,
sin más recursos que su empeño, Fernando
Bautista aventuró el gran paso y se trasladó
a la capital del país con su esposa, María
de la Luz, y sus hijos, Roberto y Ana María,
para perseguir el sueño de una vida: Fabricar
botas para montar.
Y es que no son cualquier cosa. Lo que ahora es parte
de una tradición, formó el duro comienzo
para Fernando, quien recorría los regimientos
de caballería para tomar personalmente medidas
y ofrecer al jinete la promesa que hoy sigue vigente:
una fabricación especial, artesana, que se amolda
a cada pie y brinda seguridad, ajuste y presencia al
montar.
Su excelencia y servicio personalizado le concedieron
a Botas Bautista el apoyo de miembros del ejército
y de políticos de alto nivel de nuestro país.
De hecho, los integrantes del equipo ecuestre mexicano
siempre llevaban y usaban las botas fabricadas por el
taller de don Fernando, incluso en sus viajes por Estados
Unidos y Europa.La crema y nata del deporte hípico,
como son los señores Guasech y Maurer, lucía
botas de la Casa.
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Mas don Fernando, como lo llamaba Bernardo, el príncipe
de Holanda, no sólo fue profeta en su tierra,
también llegó a fabricar botas para la
nobleza europea y, además de diversos concursos
de equitación en Estados Unidos, participó
con gran éxito en exposiciones de pieles y calzado
en París, en las que obtuvo múltiples
felicitaciones por parte de los fabricantes franceses.
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Tradición
de tercera generación |
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A casi 70 años de aquellos azarosos inicios,
la segunda y tercera generación de la casa Bautista
–representadas por la hija de don Fernando, Ana
María Bautista, y su nieto, Mauricio Reyes Bautista–
se han rehusado a la fabricación en serie y conservan
el proceso de manufactura que convierte a la bota en
una artesanía por cuya calidad vale la pena esperar.
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Par a par,
el trabajo especial para cada cliente incluye, entre otras,
cortado, ensuelado, acabado, planchado y hormado de 24
horas para dar forma final a la bota; en total nueve operaciones
realizadas a mano por maestros especializados que con
dedicación y afecto transforman las mejores pieles
nacionales e importadas en las botas que los clientes
nacionales y extranjeros prefieren. |
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